No me levanté de la silla casi por pereza. Apenas había alzado los ojos una, dos veces para cerrarlos fuerte, bien fuerte y que no dolieran.
Un día, uno como otro, me llamó el silencio, me tomó de la mano. Dimos un paseo, siquiera hablamos.
Ahora estoy otra vez en a la silla pero el tablero está otra vez dispuesto. Peones, caballos, alfiles, reina.
¿Ha pasado suficiente tiempo? Miro tímido al otro lado de la mesa. Sí, hay un rostro, mi contrincante, tal vez no mi enemigo. Quién me amenaza sigo siendo yo mismo.
No ha pasado lo suficiente. Mirad abajo, todavía quedan trozos del otro tablero. Todo esquirlas diminutas que no se ven, pero se clavan a cada movimiento. Todavía quedan piezas por el suelo. Y no sé si soy yo o ése yo que es mi enemigo quién ha de barrer todo ésto.
Mirad abajo, no puedo jugar otra partida, no puedo.
Levanto una mano. Conozco ésto. Un peón, un café. Un caballo, el teatro. Mi rey queda expuesto en la puerta de un cine, amenazo la dama en un concierto. Conozco el juego.
Sé cómo acaba. Con miles de piezas desparramadas, yo, en la silla, la mirada fija. No quiero verlo.
La última vez que jugué fui una pérdida de tiempo. Solo aprendí que yo siempre pierdo.
Pero estoy moviendo. Delante ya hay un rostro, una figura, unas manos.
Yo no quiero seguir. Sé cómo acaba. Yo siempre pierdo. Y nunca olvido y menos perdono cuando se trata de mí o de ese otro yo que es mi enemigo.
Aquí un alfil dentro de un disco. Esta torre transporta un gesto.
Amenazo al rey, expongo la dama. No quiero jugar. Pero juego.
Mi enemigo me dice que mire al suelo. Sangran mis pies por el otro tablero. Me quiero levantar, pero no puedo.
Ahí delante, una voz, unos ojos, una sonrisa.
Negro, blanco. Blanco, negro. Enroque esta tarde, mañana, jaque.
No sé de qué manera se desarrollará todo. Aquí moví ya antes. Aquí no me atreví. Aquí podría. Mucho, mucho cuidado con el borde, dónde pongo las piezas, dónde puedo apoyarme y dónde no debo.
Perdí, perdí yo sólo. Tiré las piezas, rompí el tablero. Pero esta vez... Tal vez... Si voy con cuidado, con cuidado extemo, si voy sin miedo... Tal vez pierda de nuevo... Pero... Yo que sé... Ya veremos.
Y, detrás de la obrita de teatro, ésto escrito en boli rojo...
La tierra. Los fuegos y los árboles. Los dioses. El mar, el mar siempre., o la lluvia, o la vida. ¿Qué tormenta, qué ayer no ha acabado? Qué azul, que rojo, que blanco permanece? ¿Qué terror? Siempre nos queda todavía.
Cómo dicen en "El secreto de tus ojos", podemos cambiar de todo, pero no podemos cambiar nuestras pasiones.
Tal vez por eso organicé una asociación cultural antes que sacar toda mi ropa de las cajas...
Ni recuerdo que año corría. Se organizó una marcha a nivel europeo contra el tratado de Maastrich, pidiendo una Europa más social y esas cosas que todavía se siguen pidiendo. Por azares de la vida... (y porque por aquellos entonces nos lo currábamos mucho), una puntual coalición de fuerzas progresistas a nivel local organizamos la estancia y pernocte de los y las participantes en la marcha en nuestra localidad. Casualmente se representaba en el teatro municipal "Luces de Bohemia", pero esa es otra historia...
Se organizó una cena, barata, una recepción en el Ayuntamiento para que el equipo de gobierno se acordase de que en el nombre de su partido viene la palabra obrero, se homenajeó a un par de viejos sindicalistas, se leyó un auca y se representó una pequeña obrita de teatro... Las dos últimas, escritas por el que suscribe... O suscribiría, si firmase... El auca se perdió en los pozos insaciables del tiempo, y la obrita creía que también... Hasta que buscando otra cosa, apareció debajo de un pilón de papeles... Está basada, cómo no, en un cuento de Mario Benedetti cuyo nombre, ni el libro al que pertenece, no recuerdo. Intenté adaptarla, con mi parco conocimiento de las ideologías, a Europa, dado que el original hacía referencias a temas que nos resultaban ajenos... Así que, desde lo más profundo de mi oscuro pasado... (Y sin retocar)
(El OBRERO en el centro del escenario)
OBRERO: Soy un obrero, no sé si mañana seré un parado. ¿Quién me defenderá?
(Entra el SINDICALISTA)
SINDICALISTA: ¡Yo, que soy sindicalista!
OBRERO: ¿Tú, que te has olvidado de los obreros? (Se va. Entra el SOCIALDEMÓCRATA).
SINDICALISTA: Vaya, un socialdemócrata. ¡Te has vendido al capitalismo! (Se va. Entra el CRISTIANO DE BASE)
SOCIALDEMÓCRATA: Vosotros los cristianos, mucha teología de la liberación, pero seguís alienados por la religión. (Se va. Entra el ECOLOGISTA).
CRISTIANO: ¿Por qué los ecologistas dais más importancia a las flores que a los hombres? (Se va. Entra el PACIFISTA)
ECOLOGISTA: Los pacifistas no tenéis ni idea de lo salvajes que pueden llegar a ser los humanos (Se va. Entra el REPUBLICANO)
PACIFISTA: Vuestras repúblicas son defendidas por ejércitos. (Se va. Entra el SOCIALISTA)
REPUBLICANO: El estado socialista es imposible. La república es posible. (Se va. Entra el COMUNISTA)
SOCIALISTA: La dictadura del proletariado que predicáis los comunistas es un fascimo disimulado. (Se va. Entra el TROSKISTA)
COMUNISTA: Eso de la revolución permanente no se lo cree nadie, troskista. (Se va. Entra el ANARQUISTA)
TROSKISTA: Los anarquistas no habéis hecho jamás una revolución decente. (Se va. Entra el OBRERO).
ANARQUISTA: Los obreros habéis perdido vuestro espíritu combativo. (Se va. Entran el CAPITALISTA y el SOLDADO)
CAPITALISTA: ¡Obrero, quiero sentarme, que soy yo el que te pago! (El OBRERO se pone a cuatro patas. El CAPITALISTA se sienta sobre él) ¡Soldado!, tráeme a los subversivos, que soy yo el que te paga!
(El SOLDADO sale y vuelve encañonando al resto de personajes, que llevan las manos en alto)
CAPITALISTA: ¡Carguen!¡Apunten!¡Fuego!
(El SOLDADO les va disparando uno a uno. Antes de caer, cada personaje grita): ¡Libertad!
(El CAPITALISTA se levanta y mira orgulloso los cadáveres)
CAPITALISTA: ¡Muy bien soldado!¡Toma unas migajas!
(El CAPITALISTA hace ademán de dar algo al SOLDADO, pero cuándo éste se acerca, retira la mano y se va, carcajeándose. El SOLDADO mira los cadáveres, mira al OBRERO, mira el lugar por dónde salió el CAPITALISTA, se enconge de hombros y sale.)
(El OBRERO se levanta)
OBRERO: ¡Soy un obrero!¿Quién me ampara? (Se acerca al SINDICALISTA, lo reanima, lo ayuda a levantarse)
OBRERO: Siempre has marchado junto a mí. (Se va. El SINDICALISTA reanima al SOCIALDEMÓCRATA)
SINDICALISTA: Pretendías suavizar un poco a los capitalistas. (Se va. El SOCIALDEMÓCRATA reanima al CRISTIANO)
SOCIALDEMÓCRATA: Cristo era claramente progresita. (Se va. El CRISTIANO reanima al ECOLOGISTA)
CRISTIANO: Todos necesitamos árboles para respirar. (Se va. El ECOLOGISTA reanima al PACIFISTA)
ECOLOGISTA: Sin ejércitos no habría guerras. (Se va. El PACIFISTA reanima al REPUBLICANO)
PACIFISTA: En la República se puede vivir en paz. (Se va. El REPUBLUCANO reanima al SOCIALISTA)
REPUBLICANO: El estado socialista es una profundización de la república. (Se va. El SOCIALISTA reanima al COMUNISTA)
SOCIALISTA: Socialismo y comunismo son hijos del mismo padre. (Se va. El COMUNISTA reanima a TROSKISTA)
COMUNISTA: Sería bonita una revolución permanente. (Se va. El TROSKISTA reanima al ANARQUISTA)
TROSKISTA: ¿Sabes que yo también soy un enamorado de la libertad? (Se va. Entra el OBRERO)
ANARQUISTA: Nosotros luchamos para defenderte, porque somos tú. (Se va. Entran el CAPITALISTA y el SOLDADO)
CAPITALISTA: ¡Obrero, quiero sentarme, que soy yo el que te paga!
(El OBRERO cruza los brazos y niega con la cabeza)
CAPITALISTA: ¡Ya te han comido la cabeza los subversivos!¡Soldado, traémelos, que soy yo el que te paga!
(El SOLDADO va a salir, pero los personajes entran juntos, decididos. El OBRERO se une a ellos. El SOLDADO queda entre ellos y el CAPITALISTA, indeciso)
¡Soldado!¡Carguen!¡Apunten!
(El SOLDADO apunta a los PERSONAJES)
PERSONAJES (al unísono, levantando el puño): ¡Libertad!
(El SOLDADO apunta al CAPITALISTA)
CAPITALISTA (con tono de excusa): Ésto... Yo... Como el obrero se callaba... Como el soldado me protegía... Como todos estábais peleados... Yo.... (se va corriendo)
(Los PERSONAJES celebran el hecho. El SOLDADO los mira, mira el lugar por dónde se fue el CAPITALISTA. Mira su arma. La tira, y se dirige, con los brazos abiertos, a los PERSONAJES).
OSCURIDAD
Es muy, muy difícil definir una ideología en una línea... Ni que decir tiene que la obra fue un desastre... La preparamos medio borrachos la noche anterior... La gente olvidaba cuál era su papel, detrás de quién tenía que entrar... Qué tenía que decir... El autor/director estaba que se/me subía por las paredes... Pero lo pasamos estupendamente bien... Y estuve en cuatro manifestaciones seguidas, que siempre llena el espíritu...
Por lo demás... La izquierda sigue machacándose, sigue habiendo guerras, el planeta se sigue yendo a tomar por saco, los obreros siguen sin moverse, los sindicatos, ignorándolos, la precariedad ha sido sustituida por el paro, el tratado de Maastrich se aprobó y los socialdemócratas votaron hace poco un presidente de la comisión neoliberal declarado.
Mantener la línea a toda costa, silbar o romper en pedazos los trozos de los restos. Ver el allá dentro aquí fuera, o saltar de bucle en bache reverberando irrevocables o rombos.
Rasgar la mano con el musgo, beber y vivir casi al mismo tiempo y pulsar latidos uno frente al otro. Ser de todo lo impredicho, el resto que no halla divisor. Al fin y al cabo... Chaplin dixit.
Dormir el sueño injusto, inquieto al que el pie no se acostumbra, dejarlo tan eterno que se diluya y que mañana, o pasado, al abrir de lejos el agua que se encoge, sea otra forma desencajada la que mire los desolados amaneceres sobrevenidos.
De latir, la mente se sugiere una galaxia con estrellas imprecisas que confunden los evos con eones y ralentizan los fueguitos con palmeras.
De nada sirvieron los frugales torbellinos para los mares indómitos, o imponderables, y no resta ayer más que desplegar telones o huecos, o paredes.
“ Espacio: Una habitación infantil. Tiempo: La noche. Primeras horas. Personajes: Padre e hijo. El hijo se niega a dormir. El padre hace ademán de apagar la luz. Diálogo: Papá, cuéntame un cuento. Es tarde. Papá, cuéntame un cuento. Monólogo: Hace mucho, mucho tiempo, en un país muy, muy lejano, vivía un dragón, un dragón muy, muy grande y muy, muy malvado, que todas las tardes quemaba las casas de los campesinos y los castillos de los reyes y tenía secuestradas a todas las princesas de los alrededores. Nadie se atrevía a enfrentarse con él, porque el dragón soltaba unos chorros de fuego muy, muy grandes y muy, muy calientes y todo el mundo corría por las noches a esconderse en los sótanos. Pero un día llegó un niño, un niño pequeño, con un libro bajo el brazo, y se presentó al gobernador: - Vengo a enfrentarme al dragón.- Dijo el niño. Y todo el mundo se rió de él. Pero el niño hizo como si no hubiera oído nada y salió del castillo y se internó en las montañas donde vivía el dragón. El dragón acababa de despertarse. - ¿ Qué haces aquí? - Vengo a luchar contigo. - ¿ Tú, un niño, contra el dragón más poderoso de la Tierra? ¡ Pero si no puedes coger una espada! - Pero sé leer. - ¿ Y eso que es? - Leer es poder vivir muchas aventuras, es hacer muchos amigos, es conocer muchos países y es divertirse mucho. - ¡ Quiero ese poder! El niño prometió al dragón que lo enseñaría a leer, pero a cambio, el dragón tenía que ser muy, muy bueno. Y así el dragón soltó a todas las princesas, y ayudó a los campesinos a arar los campos y a la gente de la ciudad a construir casas y devolvió todos los tesoros y entonces el niño lo enseñó a leer y fue el primer niño que se hizo amigo de un dragón.
Escenario: Una habitación infantil. Tiempo: La noche. Las primeras horas. Personajes: Padre e hijo. El hijo tiene los ojos cerrados. El padre apaga la luz. Diálogo: Buenas noches, papá. Buenas noches, hijo.
Monólogo interior: Mañana le pediré a papá que me enseñe a leer. Por si acaso.”
Son cosas que escribí hace mucho tiempo, o reconversiones de lo que escribía en mi anterior blog. Me siento una vieja gloria que vive de sus viejos éxitos. Pero igual a alguien le interesa. (Soy "RedCam")
Uno despierta, o abre los ojos, sale de la cama. Por no verse en el espejo nunca se lava la cara.
Se apunta a francés a yoga empieza una novela si hace falta.
Monta una asociación, vuelve al teatro, va al cine tres veces por semana. Lee. Escribe compulsivamente para exorcizar fantasmas.
Un día se descubre mirando ese teléfono al que nadie llama y no recuerda casi quién lo llamaba.
Casi.
Un día despierta sólo en la cama y casi no recuerda de quién era esa silueta que todavía duele.
Casi.
Un día casi cae en la tentación de que no pasa nada si... y entonces recuerda y entonces reescribe o reinventa y cierra los ojos, abre un libro, o una ventana.
Negando la vida como si fuese un pasado todavía molesto, abrazando realidades farola en que la puerta del fondo nunca cierra bien del todo.
Hoy, como ayer, como mañana, nada, la más inmensa navengando a favor de corrientes mucho más favorables que aquel puerto que apenas sabía dar cobijo y no recordaba que atracar era mirar al frente y escorar sin ternura hasta que el poniente arrastrara las olas.
Quiero decir "llave", por ejemplo, y que cuándo diga "llave" se me entienda, solo eso. Solo quiero decir "llave", ni siquiera necesito una. No tengo nada que abrir. No tengo nada que cerrar. Tiré el cofre del tesoro. Tiré todo el tesoro.
Solo quiero decir "llave". Solo quiero pensar "llave".
Solo que se vaya el miedo. No necesito el cofre. Miento. No necesito el tesoro. Miento. No necesito la llave. Solo necesito, solo quiero, que se me entienda si pienso "llave". Solo eso. "Llave".
Mundos dentro de mundos, carámbanos difusos que golpean con garra de metal el tiempo huido. El oleaje acerca mar adentro los fulgores definitivos de un introyecto arrebatado que fieramente asoma sus elipses en un vaivén de frentes añejas y puras.
Negro brillante contrasta el hielo con el fondo agudo y circunnavegar es casi un obsoleto desembarco por donde los cielos ondean sin demasiada sandez.
¡Alegría en los caminos! Nace en cada balcón un sueño, una promesa, un cielo tan puro que deslumbra.
En cada esquina una palabra, un sentimiento impronunciable porque brilla.
En cada árbol un millón de flores, un billón de golondrinas que vuelan sobre los ojos volcados de nuevo en su Tierra Madre y la pisan cautelosos. En cada recodo, bajo las piedras, asoman, afanosas, las hormigas, y plácidas y bellas, reposan sobre las flores las mariquitas rojas y negras, jugando con los niños. Pero, desde lo más profundo nace un monstruo, arranca las rosas, se viste con ellas, asesina los pájaros, se viste con sus plumas, roba el cielo, lo vende impuro, de segunda mano, y se proclama dueño
del viento y de las flores, de los recodos y las mariquitas, y juega con ellos a ser destino.
Ella ve su nombre con grandes letras y pretende cubrirlas con su manto de claveles pero los muros de cemento la rechazan. Entonces sube a la última planta, la que no se ve, y mira, invisible a través de ojos electrónicos cómo gente afanosa se disputa por un puñado de metal adulterado lo que ella siempre regala.
Y llora.
Se acerca, cautelosa, a la puerta privada,
reservada, oculta, donde alguien decidió que ella nacía y entra sin llamar.
Nunca imaginó que la esperaban, que aquella gente le lanzaría una red para atraparla y venderla por un número inexistente de un trozo de plástico.
Ella corre, huye, busca a sus hermanos. Llueve, graniza, truena, el sol vengador abrasa, el viento compañero furioso recorre las calles y los humanos lloran encerrados en sus casas. ( Ellos amplían su oferta con chubasqueros y paraguas, servicio a domicilio, y se pintan una sonrisa como si no pasara nada.)
Se siente derrotada. Llueve y los niños no juegan en la calle. Hace sol y el mar sufre una invasión anticipada. El viento sin querer aviva cualquier fuego y la tierra, inocente, vuelve a arder. Con paso grave, preocupado, camina de nuevo entre las gentes que no se han percatado de la cruenta batalla y siguen creyendo que ella vive en la planta de la moda construida con piel robada, y reflexiona, medita, le da vueltas, le da vueltas, y decide combatir con sus propias armas.
Se disfraza de persona, busca contactos, se prostituye, se arrastra, sufre.
Y al final de su búsqueda,
tiñe de fuego y metralla las paredes de cemento, las llamas devoran todo, el cemento se deshace, se funde ¡ Reina en la tierra el dios de los Avernos! Hay quien se queja, quien mira desde fuera, y cree que la justicia no es ésto. Y quien sonríe. Siempre hay alguno que se alegra.
Al año siguiente, cuando ella ha descansado vuelve, y ve su nombre escrito con grandes letras que pretende cubrir con su manto de flores. En la puerta, un ramito de orquídeas deshechas.
Siempre acabamos quemando las naves. No de repente, no como antes, pero siempre acabamos quemando las naves.
Un día es una vela, otro es un mástil y un día cualquiera las anclas se hunden, los timones arden sin darnos cuenta que prendimos la nave y un día regresamos añorando la tierra y sólo encontramos océano... océano... eterno océano. Y entonces recordamos que siempre acabamos quemando las naves.
Los mismos rostros que miran los mismos cielos en el mismo sitio. La diferencia son sólo unos años, apenas nada, tal vez un par de pasados confundidos entre tanta vorágine. Se descubren diciendo las mismas palabras y sin quererlo las mismas mentiras, pronto, las mismas grietas harán las mismas brechas en los mismos caminos.
Y dentro de los mismos años, en el mismo sitio, la diferencia será la misma, apenas todo, tal vez.
Cabalgan los helicópteros estos montes lejanos del más mortal de los destierros y las lomas azules se transforman en ríos que arrastran luna a luna el mar sináptico de los siglos difusos.
Si de aquí los arqueólogos desenterrasen jaulas ígneas o llantos, no sabrían si la espiral fue fin o principio, un alfa sin su omega en que se ahogaban infantes nonnatos con el vano deseo de una deconstrucción malvenida en que se acumularon desidias insurgentes y abyectas flores atrapadas en el aire.
Un día vindrà un llàmpec com aquest i em portarà damunt del seu núvol que malgrat sigua una miqueta blanc sempre tindrà darrere un demà més brut on puga naixer com un falcó de nit. Potser les llavors que vaig triar fóssin el verí que ja portaven, potser, pero no tinc per què creure que ja no m'agenolle per res.
Peut-être la vie etáit une autre chose, pas seulement naître, être, avoir, mourir. Peut-être que nous vivons tout le temps comme si cette autre chose etáit réel et pas la vie que nous vivons.
Mais il n'y a pas que des silences, il n'y a pas que des solitudes, que des absences et nous crions, et nous pleurons, mais nous ne serons pas, nous n'etions pas qu'une néant de sable, ou moins que se rêve éternelle dans un desert de mort.
Éste calor de octubre. Éstas lluvias tan de septiembre. Éste julio tan extraño. Éste clima no me pertenece.
Yo sudaba en verano, yo temblaba en invierno, en otoño al volver a casa, arrastraba los pies sobre un manto de hojas secas y las lanzaba al aire a patadas. En primavera, sólo disfrutaba los colores.
Pero hoy veo florecer los almendros y sé que son flor de un día, qué mañanan caerán a trozos prematuros por una nieve adelantada que no sabe exactamente si tiene que caer o simplemente deshacerse en el aire.
Yo recuerdo mirar el calendario y saber si mañana tocaba manga corta o el abrigo. Pero ya queda lejano. Y ahora las lluvias vienen cuándo vienen y el frío se va cuándo se va.
Y todo es tan, tan extraño.
Al fin y al cabo cada uno de nuestros gestos los más grandes los más pequeños lo que hacemos lo que no hacemos lo que callamos nos hace construir nos hace contruirnos pero también destruir y nos hará destruirnos.
Era eso. Simplemente eso. Que uno hay sitios dónde no puede mirar. Que tiene miedo.
Que se esconde todavía bajo las mantas y otras cosas peores para no mirar para no mirarse o peor para verse más allá tan otro que no duela para acallar esas otras voces que pudren y corrompen y llenar esos agujeros en el aire donde ya nada cabe. Todavía, a buenas horas, ésto.
Cómo si hubiera algo más allá, quiero creer que hay un sentido, y no esta brutal lógica, más destructiva que aplastante, más dañina que otra cosa.
Pero no, lo que es es lo que es y no cabe más magia que la nada más absoluta y absorbente donde no caben ni preguntas ni respuestas.
Delante, tan a ciegas, más silencio, otro futuro que vendrá de todos modos... Y en mis manos, solo en mis manos, un destino de juguete que me mira con ojos de niño y, aunque le haya prometido que yo lo cuidaría, probablemente se quede en el fondo de ese armario de promesas incumplidas al que soy tan asiduo.
Hay huecos que me llaman, vacíos atroces que claman con ansia fiera los restos del naufragio como si todavía el terremoto no bastase.
Galopar de hipopótamos desenfrenados que bramitan regurgitando trenes
Lágrimas todavía en los portales y en los cielos. Quema aún lo que no arde y quiero arrojarlo al fuego para no rememorar más que aquello prístino, espada ahora, cimiento quizá un día de otros clavos en que crucificar olvidos u odios acumulados en barcos lánguidos y viejos en que los juguetes rotos reclamando sus espacios golpean con fiereza los límites del miedo, ese asesino de posibles que campa a sus anchas por esos páramos desalmados en que me exilio a lomos de aquél león blanco que portaba consigo un mar de letras repetidas que un día fueron reinas informes de una magia irrepetible.
Y, aunque batalle cada día, metro a metro, pliegue a pliegue, avanzo y retrocedo casi por el capricho de un azar en que los dados siquiera están marcados y he de imaginarme, o confirmarme, único verdugo de este trayecto indefendible hacia otras nadas donde los galeotes declaman a corazón en grito el nombre de cada eslabón de sus renglones malditos y arrojan al cielo la lluvia de futuros irremisibles en que quise haber creído sin afirmación alguna.
Quiero creer que ya no juego con serpientes, pero ¿sueño con ellas?
Por un error notablemente típico, a la hora de poner el nombre al blog de las películas, me comí una letra, y el título era "Un cinema pardis". Le pude cambiar el nombre a posteriori, pero el enlace seguía enviando a la antigua dirección, es decir, a ningún sitio. Ahora está arreglado, tanto la dirección como el enlace desde aquí. En breve, arreglaré el acceso desde facebook.
El silencio. El único ronroneo de una fuente casi perceptible. Los ojos cerrados, el respirar tan quieto. El ocasional helicóptero, la motosierra del bancal de al lado.
Caminar lento muy lento. El aire, las aves, el tañir, antiguo, lejano, de una campana, allá lejos. Los domingueros con su tecno, el cumpleaños tres casas más allá.
Atento al respirar a la nada al pensamiento, mejor, al no pensar, a ser uno con el todo, y ser uno con uno y a esa mosca que es la única del mundo.
Callar, disfrutar de este momento. La ciudad queda allá, allá lejos. Aquí, la soledad, la paz, los turistas, los senderistas, los cicloturistas, los montañeros, el motocross y ese 4x4 tan nuevo.
Dejar la naturaleza seguir su curso. Ese caracol lento que no piso. Esa mosca cansina que no mato. Esa avispa amenazante que no espanto. Esa ramita que corto. Y esa otra, y esa otra. Esa florecita que arranco, y otra para, y otra para, y otra para...
El mutismo, ese mutismo tan buscado, con el mundo, con los otros, sólo el uno consigo mismo. Pero un pequeño gesto, un pequeño guiño, un pequeño juego, un pequeño susurro, una pequeña charla, una pequeña carcajada.
Y volver a sentarse en el suave silencio mientras el hambre sigue matando a unos cuarenta niños por minuto, más más que menos.
Turbemos esta turbulenta turba más aún por si mañana no quedase otra en que refugiarse.
Juntos, pero a solas, busquemos las raíces del odio, del miedo, de la rabia. Miremos el mundo cara a a cara y veremos que soñamos que se puede mirar de igual a igual. Siempre, siempre, nos gana.
No hay mar suficiente que arrastre este atardecer aquel montón de viejos cadáveres ahora que son solo huesos. Fueron un día poderosos árboles, guerreros, refugios. Vivieron para dar vida, murieron para no dar muerte y ahora no hay océano que pueda derrotarlos, no hay llama que los apague, ni viento que los lleve, siquiera un ápice más allá de ese surco de la memoria enque están arraigados. Si no fuere porque son lo que son serían casi héroes, pero no son más que un montón de viejos cadáveres que no hay río que se lleve.
Os veo. Me seguís desde siempre. Vuestras manos pútridas aferran mis tobillos para que no me mueva. Vuestro aliento fétido sella mis labios para que no hable.
Sois lentos, pero eficaces: No perdonáis no olvidáis qué fuisteis, cuándo fuisteis, y venís siempre venís no importa, no os importa, cuántas veces os entierre, os despiece, os dispare, os comprenda, os perdone, os olvide. No importa. No os importa. Existís cómo exististeis, sombras de otras vidas de otros yos dónde me escondía. Otros yos que son este yo en que me escondo y aunque huya, por mucho que huya, siempre venís, me encontráis, me buscáis, me seguís, me aferrais, me callais, porque yo os hice cuándo creía que ya no estábais por si un día, tal vez sin quererlo me olvidáseis, o, mucho peor, me perdonáseis.
Pongamos por espejo al reflejo de un espejo y al otro lado, de costado, un cuadrado descuadrado. ¿Qué dividía, divertido, el dividendo, dibujando divisiones? ¿Qué rasguño desgarrado rasgaba aquel rasgo desgarrador?
si miento, la simiente del simbionte simboliza la simbiosis de la insiginificancia de un significado significativo, sin significante, y sin señales que señalen la señalización señalada, sólamente seremos soledades solitarias.
¡Qué roto lo prístino, qué roto! ¡Qué otro lo ínclino, qué otro! El mazo qué certero en este segundo ubérrimo.
No queda nada reconocible en el espejo. Mirad mis manos mirad mi vientre no es sangre eso de ahí: Es nieve.
Ayer cuándo amanecía (gotas de lluvia, cantos de pájaro, tópicos, señales) olvidé que allá lejos, acompañándome estaba la luna estaba el invierno estaba.
Y hoy los astros son eclipse navego hoy sin apenas estrellas y he de reinventarme a cada ola más por costumbre que por azar.
Recuerdo enésima vez ubérrimo: Una esperanza con otro nombre, pero no es cierto. Meted la mano en mi pecho dónde toda la sangre. ¿Estaba mi alma? ¿Estaba? Estuvo.
Los ojos dispersos susurran secretos pero están jugando los últimos dados. Cae al suelo el as de tréboles. No supimos darnos cuenta mientras marcábamos las cartas que no se puede jugar a la brisca con una baraja francesa.
Veamos. Partiendo de y de pero y además sin embargo aunque y teniendo en cuenta que es importante por supuesto quizá aun sin presuponer se puede afirmar casi sin lugar a dudas que en resumen concluimos.
Hoy, cómo ayer, cómo si el tiempo no hubiera pasado la cabeza está sangrándome con tanta fuerza que podría estar lloviendo perfectamente y no haberme percatado.
Podría buscar símbolos, metáforas, mentiras. Ocultar bajo una nube de palabras una tristeza informe demasiado infinita, una añoranza desmesurada de tantas felicidades perdidas que se comen cualquier atisbo de esperanza, por mucho que lo necesite, por mucho que me diga que me digan que el tiempo pasará que todo se olvida y todos esos tópicos que se le dicen a los otros cuando uno no los necesita.
Pero hoy... Otro día, otros días parcheándome, cómo si el tiempo no hubiera pasado cómo si nada hubiera exisitido, pero con la memoria cómo un relámpago azotándome a cada gesto casi sin posibilidad de redención.
Tal vez en otra huida, en otro tiempo. Pero no hoy, hoy no.
Antes de ayer, mientras llovía, miraba la ventana, o la puerta, o el vacío, y soñaba con bares o gatitos mientras los trozos de nube se convertían en sapos que rebotaban contra el asfalto cómo si no hubiera un mañana.
Siempre, siempre miraba.
Ayer, al empezar todo, salió de la casa casi huyendo, y recorrió mil y un mares casi rehabilitados y casi, casi encontró lo que buscaba en una pila de futuros deshechados por imposibles bajo un manto de palabras.
Siempre, siempre huía.
Hoy, a mediodía, tras comer un poco, se sentó y revisó un montón de revistas con las páginas arrancadas donde la gente soñaba sueños en que se atusaba las preguntas peinándose nueve veces los faldones oscurecidos de la tradición.
Hay posos de té rancio deshojándose entre mis labios, hay sombras que proyectan otras sombras, y caballos que galopan tristes por llanuras agostadas En la punta de mis dedos se van acumulando las mentiras: Aquellas otras viejas súplicas desgarran el velo de lo posible, y apenas uno o dos torrentes pueden contenerlas.
Pude haber deconstruido lentamente aquellos cristales que sangraban o haber puesto vallas de colores en las puertas, pude haber fumigado con rosas de luto antes de que el camposanto de las calles se llenase.
Ya se han secado los charcos en los lugares remotos y han ardido a destiempo otras hogueras. No queda ya siquiera ni viento ni ceniza en que guarecerse las noches de frío. Uno inventaba patrias ocultas, y paseaba rabias y ausencias a más de cien por minuto, es cierto, de nada sirve borrar lo indeleble, o rediseñar los instantes.
Aquí queda consumido todo. Fui, únicamente, y ya no puede ser de otra manera.
Quedó ya lejos. Su hogar estuvo dónde estaba su corazón y su corazón se había deshecho en un mal año.
Pasó el tiempo, él durmió, se fue olvidando de que había sido de que había tenido un nombre y hablaba de sí mismo en pasado cómo si ya no estuviera.
Y poco a poco fue perdiendo la voz y la memoria se le fueron cerrando los ojos no encontraba otro corazón ni siquiera el suyo aunque prometiese que estaba aquí hace un momento.
El futuro se abre con una absoluta infinitud de posibilidades donde caben sin pensarlo varios cientos de múltiplos de vidas atascadas en viejos esquemas trazados por una infancia no más justa por lejana.
Yo.
Gota.
Hay un mar.
Hay una, dos olas.
Hay de repente una galaxia.
Ya queda muy lejana.
Alguien descansa.
No más fuego.
Miento.
Es.
Algo horrible puede estar gestándose en campos de trigo negro venidos de aquel lugar sagrado y silencioso que es la urdimbre inconclusa donde el cantar más acérrimo está prohibido desde el albor de los tiempos ya desechados por ya demasiado finitos.
Una vez estuvo habitado, hace tiempo, tanto que ya ni recuerda quién lo habitaba. Las cortinas ocultan el polvo, el polvo, los muebles, los muebles, el suelo, el suelo, el sótano.
Allí, un montón de huesos danzan una cumbia con son violento y desde otro pedazo de cielo sonríe la estulticia con puños de fuego.
Esta noche el mar Atlántico ha sido, por un segundo, el océano Mediterráneo y las palabras de plata han curado, por un momento al hombre lobo que todavía aúlla, hambriento.
Esta noche ha llovido sobre el plástico y se han ido llenando silencios y nostalgias por un segundo parecía que sonaba un tango a dos voces y que las estrellas eran un puente.
Ésta noche se han abierto puertas y pequeñas velitas se han visto en las ventanas aquí dentro, a veces, también ha habitado la alegría.
Pero al final de la noche, cuándo ya alumbraba el día, cada estrella en su sitio, cada nota en su cuerda, todo ha vuelto a ser lo mismo, a un eterno "si pudiera..."
Mi última entrada... No me duró mucho el intento, la verdad...
Que veinte años no es nada
Somos lo que comemos, al menos, lo que hemos comido. Hoy me he encontrado con un maestro de mi infancia, de cuando los maestros eran un complemento de los padres, casi un sustituto. De cuando la educación era otra cosa, y el requisito para aprobar era estudiar. De otro tiempo.
Los profesores de hoy son distintos. Los alumnos de hoy son distintos. Los alumnos de hoy son los hijos de los hijos de los que lucharon por la transición, los que vieron que aquella vieja promesa del cambio no cambió nada y se apartaron a una orilla del camino. Los alumnos de hoy son los hijos de los que acuñaron el término pasar de todo y no preocuparse por más que uno mismo, porque todo lo demás, al final, sólo llevaba al desengaño. Y llegó la sobreprotección absurda y cualquier intento de enseñar disciplina, de enseñar unas normas sociales básicas para que el mundo no se convierta en la jungla en que se ha convertido, para que la coexistencia sea convivencia y no choque de voluntades, no es visto más que como un ataque a su sobreprotegido, y terriblemente maleducado, descendiente.
Y cualquier intento de hacer estudiar es un atentado contra el tiempo libre, y, lo que es más triste, un absurdo intento de calentarle la cabeza al pobre alumno con cosas que no le van a servir para nada.
Y habrá reformas y reformas educativas, pero no se llegará al meollo de la cuestión: Calentarse la cabeza es malo. Pensar es malo. Comerse el tarro es malo. Y aburrido. Sobre todo aburrido.
Somos lo que comemos. Somos lo que hemos visto. Estímulo. Estímulo. Estímulo. Estímulo. Rápido. Rápido. Rápido. Ya. Ya. Ya... El cine bueno es el que tiene mucha acción, cambios continuos de cámara. En televisión, la escena cambia cada quince segundos. La música tiene que tener, sobre todo ritmo. Mucho ritmo. Y letras infantiles. Un productor reconoció que la música comercial se enfoca mayoritariamente a un público infantil. No hay referentes, nada a lo que agarrarse. Tener principios es un lastre. Lo del año pasado está demasiado obsoleto, no hablemos de los clásicos. Leer es un muermo. Sitúate en este mundo. Situáte ya. Tus compañeros son tus enemigos. Tu profesor es tu enemigo. Tu familia es tu enemiga. Tienes que ser el más duro, el más fuerte, el más guay... Tienes que ser el más.... Y ya. Enseguida. Es lo que has aprendido. Es lo único que has aprendido.
Y frente a esto... los profesores. No sé cómo son los profesores de hoy día. Cómo son los profesores hoy día, recién acabada la carrera, algunos pueden dar clase con sus antiguos maestros... Hijos postreros del desencanto político y primogénitos de la estultización generacional, tal vez conocedores, o tal vez no, de su asignatura, apologetas es su círculo íntimo de la falta de valores y el descreimiento, o tal vez no, tal vez arrancados demasiado pronto del seno materno cuando cada vez dejamos el nido más tarde. Tal vez acusen el mismo individualismo salvaje que sus alumnos, el mismo egotismo inconsciente, la misma insolidaridad. O tal vez, y eso es lo que más deseo, no.
Y la vida siguió, cómo siguen las cosas que no tienen mucho sentido. Luego vino "Otro silencio", para exorcizarme, y ahora éste, para lo mismo. El tiempo nunca se acaba, el círculo nunca se cierra... Las mismas expresiones, los mismos temas...
A veces llego a pensar que no escribo tan mal del todo.
Ser y tener
Ser apolítico no tiene nada que ver con ser apartidista. Ser apartidista es tremendamente sencillo, tanto como no creer en los sindicatos, basta con echar un ojo a la televisión y ver como hoy día la batalla de los partidos no es una guerra de las ideas y las propuestas, si no del insulto personal y la imagen adecuada en el momento preciso. Ser militante en éstos días significa pasar la mitad de tu tiempo justificando la actitud de los dirigentes de la formación, cuando no sus actividades. Realmente, ser militante, militante activo y entregado, requiere una cualidad especial que parece que se está perdiendo. Una pena, porque proporciona una serie de emociones y pasiones difícilisimas de explicar.
Ser apolítico es otra cosa. Técnicamente es imposible. Todo el mundo tiene una idea de como debería ser la sanidad, o que parte del presupuesto es verdaderamente necesaria para defensa, o simplemente si el color que la comunidad ha elegido para la fachada es adecuado. La política no es más que una sistematización de las relaciones humanas, para que la sociedad esté más o menos organizada. Un tal Aristóteles, relativamente famoso pese a no salir en la tele, dijo aquello de que el ser humano es un animal político... La primera frase que aprendíamos a traducir del griego... ( No me lo creo del todo, leo en los diarios que se pretende acabar con un puñado de filologías y con la carrera de humanidades, no me lo creo del todo, porque un gobierno de talante medianamente progresista ha de apostar claramente por aumentar, y no por disminuir, la oferta educativa).
Entonces, si nuestra cualidad como seres humanos nos impide ser estructuralmente apolíticos... ¿Qué es ser apolítico? ¿A qué se refiere una persona cuando se declara a sí misma apolítica?
Básicamente, apoyándome en mis observaciones personales, es una persona a quien le da igual la realidad que vaya más allá de lo inmediato, que no le importa si el dinero que paga Hacienda va para comprar armas o para construir hospitales, que considera que las instituciones son una empresa de servicios exclusiva para él, que despotrica contra lo que hace el gobierno pero que no ha votado por pura desidia, que obvia que el sistema democrático se supone que elige a representantes que se deben, que se deberían deber, a sus electores, y que los gobiernos hacen lo que hacen porque gente como él, casi como él, pues se han atrevido a dar su opinión pese a ser muchas veces conscientes de que no va a servir de mucho, les ha otorgado las facultades para hacerlo... Un apolítico es, a fin de cuentas, el que se queja porque un funcionario lleva dos horas almorzando, y cuando se le plantea la posiblilidad real de poner una reclamación formal, una de esas que llega al estamento al que tiene que llegar, prefiere no hacerlo por no meterse en problemas.
Hoy se la juega Holanda... Si me gustase el fúbol, diría que la expectación y las ilusiones que puede provocar un referéndum son bastante parecidas a las que puede provocar un partido más o menos importante.
Aunque no tiene comparación. El resultado definitivo de un partido de fútbol afecta realmente, de forma material, a los miembros del equipo y el resultado de un referéndum, caso de éste que va sobre Europa, únicamente a unos cuantos cientos de millones de personas, dónde va a parar.
Intento de crítica literaria... Hay que probarlo todo, oiga... El libro sigue siendo vigente, y recomendable, por supuesto.
Para hacer que el tirano caiga...
Estoy leyendo un libro bastante interesante. Se llama "Rebelarse vende, el negocio de la contracultura". El libro viene a explicar que el declararse diferente, definirse antitodo, el sentirse anticapitalista por no comprar ciertas cosas en ciertos sitios o considerarse rebelde por ser apolítico, en estos momentos no es más que otra forma de capitalismo, otro mercado más, otra forma de borreguismo como la que pueden tener "los otros", los que se preocupan solo por llegar a fin de mes y cuyos problemas automáticamente excluyen las grandes disquisiciones teóricas.
Como solución, los autores proponen preocuparse más por temas concretos, por retomar la tradición izquierdista, habitualmente preocupada por la transformación real de la sociedad, o, al menos, la mejora de las condiciones de las clases más desfavorecidas, cuyas filas aumentan por momentos en estos tiempos.
Tal vez sea esa la mayor crítica que se le puede hacer al libro, que apueste por la reforma y no por la revolución, aunque, según las tesis que defiende el libro, la ruptura, de momento, es bastante imposible.
Y con eso estoy de acuerdo. Hoy por hoy, pese a darse las "condiciones objetivas" para un cambio social profundo, no se dan las "condiciones subjetivas"... Y tal vez nos demos cuenta demasiado tarde.
Mientras tanto, algunos seguimos empeñados en que no se extinga la llama de la utopía, en pensar que otro mundo es posible, pero, como ya sabían los trabajadores del XIX, hay que cambiar al ser humano para que el nuevo mundo vea la luz... Hay que soplar la potente fragua y hacer un ser humano nuevo...
Y esa es, en resumen, mi intención. Intentar ver la realidad desde un punto nuevo, desde un punto centrado en la gente, con un pie puesto en la utopía y otro en la más cruda realidad.
Me pide una amiga, muy buena amiga, que escriba artículos de opinión... Palabrería me sobra, pero últimamente ando muy, muy desconectado del mundo exterior, y necesitaría un tiempo para readaptarme... Muchísimo, porque llevo mucho retraso en cuánto a conocimiento de la actualidad y, últimamente, incluso del día a día...
Pero eso me recordó a que tiempo atrás intenté algo parecido...Hace cuatro años, cuándo todavía... Pero esa es otra historia.
Bueno... Ahí van mis únicos intentos de opinar sobre algo...
Allons, enfants de la patrie...
Hace tiempo que quiero empezar con esto de los blogs. Por ver cómo funciona, cómo se siente uno y esas cosas. Quería hacerlo sobre una de mis aficiones, criticarlo todo, que me resulta sorprendentemente fácil, pero quería empezar con una buena noticia, y eso cuesta más. Basta con ver la prensa oficial. No digamos la no oficial, la que presenta porciones de la realidad que la oficial obvia. Siempre pensé cuál de ellas tiene razón, que tal vez haya un término medio... Aunque comparar ambas es un buen entretenimiento.
La buena noticia es, como no, el resultado del referéndum acerca de la Constitución Europea en Francia. Acabo de ver una especie de análisis de los resultados, en plan estadística. Aparte de la alta participación, nada que ver con esta España nuestra donde la gente pasó olímpicamente de decidir sobre su futuro, destacaría que el voto del No fue mayoritariamente obrero, juvenil e izquierdista, por mucho que a los extremistas liberales (que en aparente paradoja están en contra de los extemismos) se empeñen en meter en el mismo saco a LePen y a los troskistas. El No francés no es un No cualquiera, es un No de conciencia, un No a una constitución que quiere convertir a nuestra querida vieja Europa en unos literales Estados Unidos de Europa (leí hace poco que fue Bakunin el primero en hacer esa propuesta, por cierto) bastante iguales a los de América, echando por la borda todo aquello que tanto dolor ha costado conseguir.
No hay que confundir. No a esta constitución no es No a Europa, ni a la construcción europea, ni nada de eso. No van a echar a Francia de la UE por eso. No a esta constitución es Sí a otra. Más social, más humana... Simplemente otra mejor, que, en el fondo, es el viejo mundo que criticaba Bush cuando no obtuvo apoyo para invadir Irak.
Lo que nadie sabe ahora es qué se va a hacer con ésta. Porque los franceses no la quieren y los españoles si. Bueno, a los españoles se la pela, para variar.
He visto otra buena noticia. Al menos, una noticia que me ha alegrado. Un par de jóvenes marroquíes han salvado a una familia latinoamericana cuyo coche había caído a un canal en un pueblo de Cataluña. Gente así suele ser considerada heroica, no sé cómo les sentará a los que creen que por haber nacido blanquito son intrínsecamente mejores que los demás... Otra cosa es que haber nacido blanquito en un mundo con varios miles de millones de personas pobres sea, por desgracia, casi una suerte.
No hay placer que sea malo en sí mismo. Lo que es malo son las desagradables consecuencias que puedan resultar si no se usa la cabeza cuando se decide qué placeres perseguir y cuáles evitar.
Epicuro 341-270 a.c.
Lo que pudo existir brilla un instante, Luego deja sus sombras marcadas para siempre, Fue tiempo de soñar, y sin embargo Estaban ya las cartas repartidas. (Luís García Montero. Habitaciones Separadas)
Tú no eres como los demás niñ@s -decía mi madre- Y si no puedes sobrevivir en este mundo, mejor será que te construyas uno propio. (J. Winterson)