Ce soir, je retrouverai ma bien aimée langue francaise. Je lis un peu, je comprends très bien, j'essai de l'écrire...Je ne parle pas du tout. Je peux... chanter "La marsellaise", ou parler de Bertrand Tavernier, Jean-Paul Sarte ou de "L'étranger". Dire que le "D-Day" des anglais est le "Jour-J" des français, vouloir voir la Bastille, ou être amoreux de Brighitte Bardott et Catherine Deneuve... Ou rester silencieux pendant le professeur nous dit les verbes.
Los guerreros que no soy, los hechiceros los caminos que no recorro, los fuegos las palabras que no pronuncio, las noches las lluvias que no tengo, los pasos las felicidades no tan ajenas, la rabia. Todo poco a poco, todo paso a paso.
Cada mes más otros cada día más míos cada minuto más todo.
Lo perfecto era todo aquello que no era, claro estaba, y cuando caminaba por aquellas calles vacías no le costaba imaginarse a si mismo, o más bien recordarse, dando bandazos de un lado a otro con una botella prácticamente vacía cómo única compañía en aquella plaza que esa mañana había encontrado, sin saberlo, llena. No sabía cuándo se había dormido, siquiera con quién estaba. Se echó la mano al bolsillo. El DNI, las tarjetas, el carnet de conducir. Incluso algo de dinero. Necesitaba un café. O dos, mejor. Pero esa plaza, esa mañana, estaba llena de tenderetes donde se vendían artículos viejos y quiso dar una vuelta para ver todos esos regalos que ya no haría. Pensó en paquetes anónimos, en teléfonos prestados, en tantas cosas. Le dolía la cabeza, y no era resaca.
La mano de su bolsillo tocó algo distinto. ¿Un comprobante del cajero? No, el no solía sacarlos. Lo miró. Era un número de teléfono.
En el rincón en que lo sórdido se hace mágico no hay que ser muy lógico para entender lo básico: es tan fácil pasar de lo estrambótico a lo pánfilo que casi sería gótico negar lo kármico y retribuir lo cósmico a costa de lo clásico.
Todo es, simplemente, gritar un ¡MIERDA! apocalíptico.
Camino despacio por los lugares comunes, mirando escaparates que fueron referente. Aquí sólo quedan ausencias. Miro al mañana, y me recorre un escalofrío. No hay nada. Cierro los ojos para buscarme, pero soy el pajar y soy la aguja. Apenas hay un resquicio de luz, siquiera el recuerdo de un recuerdo, en la fisura de mis labios.
Volver a los antiguos lugares de entonces dónde las primeras citas dónde las últimas fotos. Dónde las esperas y las discusiones.
Y saber que no estarás, ya no sólo recordar que ya has estado porque me duele hasta el aliento y no soporto el azul algunas veces y mi odio y mi rabia son tan grandes que apenas me caben y tengo que esforzarme en no mirar hacia otro lado donde habita esa oscuridad que me consume esa oscuridad que no quiero mirar esa gran mancha.
Y tengo que engañarme con certezas e imaginarme otras mentiras para alejar a la esperanza impresentable o peor, esa pena absurda, esa lástima ajena. Y tengo que convencerme de que fue un sueño y repetirme los modos, las palabras, los juegos, todas aquellas señales, todas aquellas metáforas, tan tangibles tan reales, y recordar dónde radicaba la imposibilidad del equilibrio o la longitud de las noches.
Y dejar de verme tan ajeno tan otro dejar de querer romper mi reflejo dejar de querer romperme dejar de querer lo que fuese, o lo que sea, pero dejar de quererlo. Y dejar de intentar entender los silencios, los secretos, los olvidos.
Y hacer que seguir viviendo no sea una costumbre si no una necesidad y que al abrir los ojos sea la hora que sea desee no cerrarlos otra vez desee no estar soñando para un día abrir los ojos y esperar a saber qué me deparará el día y no cerrarlos otra vez hasta que dejen de sangrar. Y tener en cuenta que el tiempo pasa que ha pasado que ayer fue solo ayer y antes de ayer no fue hace un momento. Y olvidar que la palabra "quizás" no es más que una palabra y a veces,ni eso.
La pregunta es cómo se vive una vida llena de nada. Cómo seguir adelante, reinventarse, olvidar lo que no ha sucedido, recordar lo que pudo ser.
Cómo convertir un fotograma en una película, cómo mover esa imagen estancada, casi pura y dejar que se le acumule el polvo cómo si no fuese tan reciente.
La pregunta es cómo volver a ser uno mismo cómo confiar en uno mismo cómo quererse a uno mismo si es eso lo que mata.
La pregunta es si se puede ser otra cosa más que lo que ya se ha sido.
De repente, una canción inesperada asoma desde el fondo de la memoria y siento que el tiempo no ha pasado, o que ha pasado mucho tiempo, o no sé que está pasando exactamente, sólo que esa canción existe en mi memoria, que ha venido como vino entonces, para aposentase en un rincón, a la espera de otro momento en que pueda la pueda escuchar sin lágrimas. La recuerdo, claro que la recuerdo. Todos aquellos momentos, todas aquellas esperanzas, todo aquello que iba a ser. Y al final, todo quedó en nada, sólo algunas canciones, algunas películas, algunos poemas. Y ni siquiera la lluvia ha sabido, o podido, llevarselo todo. No en mi tiempo. No en mi silencio. En éste, otra vez, otro silencio.
Puisqu’on ne vivra jamais tous les deux Puisqu’on est fou, puisqu’on est seul Puisqu’ils sont si nombreux Même la morale parle pour eux J’aimerais quand même te dire, Tout ce que j’ai pu écrire Je l’ai puisé à l’encre de tes yeux
Je n’avais pas vu que tu portais des chaînes À trop vouloir te regarder j’en oubliais les miennes On rêvait de Venise et de liberté J’aimerais quand même te dire, Tout ce que j’ai pu écrire C’ est ton sourire qui me l’a dicté
Tu viendras longtemps marcher dans mes rêves Tu viendras toujours du côté où le soleil se lève Et si malgré ça j’arrive à t’oublier J’aimerais quand même te dire, Tout ce que j’ai pu écrire Aura longtemps le parfum des regrets.
Et puisqu’on ne vivra jamais tous les deux…
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En castellano: Todo aquello que Escribí. Varía un poco la letra... Obviamente, mejor la francesa, pero bueno...
Ahora que duerme todo entre los dos Qué loca tú, qué loco yo Qué solos al final Ahora que estamos libres cada cuál Sólo me queda por decir Que todo aquello que escribí Lo hice con tinta de tus lágrimas
Tanto mirarte que no pude verte Y me olvidé de tus cadenas Y mi propia muerte Soñaba con beber la libertad Sólo me queda por decir Que todo aquello que escribí Lo hice con tinta de tus lágrimas
Y aún andarás descalza por mis sueños Y asomarás por donde asoma El blanco sol de enero Y si por casualidad te he de olvidar Sólo me queda por decir Todo aquello que escribí Será de tí, será lo nuestro
Ahora que duerme todo entre los dos Qué loca tu, qué loco yo Qué solos al final Ahora que estamos libres cada cuál Sólo me queda vor decir Que todo aquello que escribí Lo hice con tinta de tus lágrimas
Los zapatos de tacón le molestaban, y cada vez que se sentaba tras la mesa de la oficina aprovechaba para quitárselos, desabrochárselos un poco, al menos. Descalza, le gustaba sentir el frescor del suelo en los pies, le recordaba a aquellos largos domingos de campo en el pueblo, cuando era niña y las vacaciones le resultaban eternas.
Entonces, se embelesaba mirando por la ventana, a aquel parque desierto frente al viejo colegio, y no tardaba en imaginarlo lleno de niños correteando, de madres que hablaban de sus tragedias cotidianas mientras mantenían la mirada fija, a la vez, en sus amigas y en sus hijos. Si ella hubiese nacido en aquella ciudad, tal vez hubiese sido una de esas niñas que jugaba a ser mamá con una muñeca vieja.
No había sido así. Había nacido en una pequeña ciudad de provincias, sus padres recién llegados, y allí se había criado, rodeada de otros niños y otras niñas que fueron creciendo y yéndose a ciudades más grandes.
Las tardes que acababa pronto el trabajo paseaba un rato por el parque, o leía el periódico en un café mientras jugueteaba distraída con el teléfono. No lo sabía aún, pero tenía que recibir una llamada que, en breve, iba a cambiar su vida.
Cómo ya explico en él, he hecho un blog de películas en descarga directa, para que la gente que conozco, o no, pero lee ésto de tanto en tanto, pueda tenerlas más o menos con facilidad. Intentaré poner películas fuera de los grandes circuitos comerciales y tal. Aquí tenéis el enlace:
Mientras escribía la anterior entrada, o para escribir la anterior entrada, me he reencontrado con mi anterior blog. Me he sorprendido, y no. Siguen los mismos temas, siguen las mismas referencias, algunas, bastantes, se repiten y hay algunas cosas que parecen terriblemente paralelas. Siguen las mismas dudas.
Aunque en éste hay muchos menos "corta y pega" y el politiqueo no ha aparecido aún...
Os remito, ante todo para la gente que me sigue vía facebook, a mi Otro silencio
Gracias por su atención, en breves instantes continuaremos con nuestra programación habitual.
Y sigo diciendo que no tengo pruebas fehacientes a priori de que mañana amanezca, de que no me reviente una rueda del coche, de que no estalle la pantalla de la televisión, de que no me demore un minuto para atarme un zapato e intente cruzar un minuto más tarde o pasar un minuto más tarde debajo de un balcón o simplemente empezar a... creyendo que sólo va a ser una vez que vamos a poder con ello. Pero no.
Podemos decirnos que mañana amanecerá, es cierto. O hacer planes para cuándo volvamos a casa, o para cuándo giremos la esquina o nos metamos el pañuelo en el bolsillo. Pero es nada más un acto de fe. Simplemente damos por supuesto que el sol mañana estará ahí o nuestra casa estará ahí o llegaremos a la esquina, o el pañuelo acabará en nuestro bolsillo. Y nos aferramos a eso como una certeza inviolable pero en verdad lo único que sabemos es que es mejor no pensar en ello o sería, simplemente, insoportable, pero es lo que somos es lo que tenemos y siempre elegimos la opción más fácil la que nos asegura unos minutos más de supervivencia cómo si el más mínimo de los actos no fuese una causa que tuviese sus efectos, cómo si de verdad entendiésemos qué coño está pasando ahí fuera por qué hay tanto ruido tantas luces tanta gente de un lado para otro, y hacemos por ser ellos por meternos un segundo en sus cabezas o unos años o una vida pero siguen siendo otros que están ahí fuera y aunque extendamos las manos aunque creamos tocarlos aunque nos digan aunque les digamos siguen estando ahí fuera siguen siendo otros que viven cómo pueden o cómo saben que intentan, cómo nosotros mirar hacia ese otro lado, que es mirar hacia delante con fe en ser casi inmortales y la muerte, por ejemplo, siempre es algo que les pasa a los otros. Y ya no es sólo eso es la vida la que le pasa a los otros las alegrías, las penas, les pasan a los otros, mientras nosotros vamos viviendo vendándonos los ojos, ignorando que para ellos los otros somos nosotros y nuestra alegría no es su alegría y nuestra pena no es su pena porque nos faltan palabras nos faltan gestos nos falta saber qué coño pasa ahí fuera y sobre todo qué coño pasa aquí dentro y nos construimos barreras y puertas muros y ventanas nuestras pequeñas fortalezas hechas de palabras para sobrevivir para sobrevivirnos y las llamamos con mil palabras distintas pero de lo que se trata, al fin y al cabo es de que se pase el tiempo lo menos dolorosamente deprisa para poder ignorar sin que nos pese nuestra única certeza que no hay nada que nos asegure a ciencia cierta que estaremos aquí el simple instante que sigue a éste.
Mañana y mañana y mañana, entra sigilosa esta nimia marcha de día en día, hasta la última sílaba de tiempo grabado; y todos nuestros ayeres han iluminado a los tontos el camino a la polvorienta muerte. ¡Apagate, apagate, corta vela! La vida no es más que una sombra que anda, un mal actor que se pavonea y se preocupa por su tiempo sobre el escenario y al que después no se lo oye más. Es un cuento contado por un idiota, lleno de ruido y furia, que significa nada.
Shakespeare Macbeth
Lleno de ruido y furia
En otra esquina más del laberinto, una cualquiera, en otra arruga más de la desfigurada cara de este mundo, nuestros pasos se cruzan sin saberlo.
Alguien pierde la historia de su historia, por no pararse a tiempo en un escaparate, mientras, al otro lado de aquel mismo cristal, alguien ya se ha dolido de una definitiva carencia incomprensible. En una calle anónima, un sujeto en la sombra nos perdona la vida, después de haber pensado: Hoy has vuelto a nacer hijo de puta, y el caminante próximo es la víctima. Una voz al azar en un transporte público no sabe, compungida, explicarse por qué alguien sobre el que habla estuvo en un lugar que jamás frecuentó, en el instante exacto en que estalló la bomba. Un teléfono suena, en la casa vacía suena y suena, y quién sabe qué vidas ya se han precipitado en quién sabe qué pozos de qué impensable noche.
A veces he querido traducir ese rostro con expresión idiota con que el mundo nos mira y lo miramos, y termino contándome, idiota, alguna historia, cuyo humor no he aprendido a traducir aún. Ya saben: el coche mortuorio, parado a nuestro lado, en el semáforo, en el centro de un día que esplende, indiferente. O aquella, tortuosa, de hospital: un tipo muy contento, tras un feliz diagnóstico, entra en un ascensor donde alguien llora.
Antes de todo, antes que nada. No quería no quise. Pero todo empezó mucho antes.
Y ahora construyo muros ahora erijo ausencias y desayuno nostalgia cada atardecer.
Tuve que partir para vivir, que coger ese barco a ninguna parte para soportar los días. Para soportarme sigo inventando excusas a ver si un día no odio ese rostro ajeno que refleja el espejo. Ese desconocido. Ese idiota.
El niño está en la fiesta. Siempre, siempre hay mucha gente. Globos, música, refrescos. El niño habla con unos, juega con otros. No sabe si la fiesta es para él, pero sabe que está ahí. Tampoco sabe dónde está. A veces es su casa, a veces es otra. A veces es la calle.
Alguien llama al niño. Están a sólas. A veces hablan, a veces juegan. Todo inocente, pero siempre a solas.
Y el niño vuelve a la fiesta. Pero ya no hay nadie. En ningún sitio. Recorre las habitaciones. Nadie. Busca a quién lo llamó. Nada. Está sólo. De toda la fiesta, ya no queda nadie.
No habría que dudar, en todo caso, de la buena voluntad del sol en alumbrarnos cada día, aunque a veces sus rayos, lentos, se demoren en calentarnos, o parezcan apuntar precisamente en dirección contraria, o nos golpean tan furibundos que casi parecen granizo.
Sin embargo,las teorías más evidentes indican que no siempre es así, y que se han visto astros girar más allá de sus órbitas, cómo si la gravedad, la física y la historia no fueran con ellos, ni siquiera la costumbre.
De hecho, alguno de ellos ha violado de tal manera esas leyes que están declarados proscritos en varios multiversos y se han ido exiliando, poco a poco, a planetas cercanos donde han establecido colonias y pequeños países que se apuran en guerrear los unos contra los otros.
Una bola de cristal se estrella contra el suelo. Norma Desmond baja las escaleras. Un ángel se gana las alas en un puente. Un tren desarbolado se dirige hacia el Oeste. Un barbero sube al estrado, tembloroso. Un refugiado pregunta algo en el Loro Azul. Un hijo recuerda a su madre muerta.
Llegó tarde el héroe, muy tarde. Las llamas lo habían consumido todo, los supervivientes habían perecido ya entre las ruinas. La policía desalojaba a los últimos curiosos. De lo poco que hubo que ver, fue todo tan repentino, no quedaba ya nada, sólo una masa humeante de escombros. Las ambulancias, ya sin esperanzas, habían partido. Las bolsas de cadáveres, alienadas, eran cargadas pacientemente por enfermeros con caras desencajadas en furgonetas grises. De vez en cuándo, sonaba un móvil entre los cascotes.
Al héroe no le costó imaginarse el dolor al otro lado, la angustia, la certeza cada vez más cercana de la muerte de algún ser querido.
Se acercó a un oficial de policía y se ofreció para ayudar. Era el héroe y vivía para ello. Pero era demasiado tarde ya. Había llegado demasiado tarde.
Quiso llorar. Pero era demasiado tarde hasta para eso.
Debajo de estas máscaras no estamos más que nosotros. Ustedes hace tiempo se fueron a dormir sin soñar. Y nosotros ya bostezamos. Creímos que podíamos, pero nos pudo el dolor de muelas y no bastó siquiera la ternura.
Qué poco a poco nos devora de nuevo el silencio... Cómo si hubiera ardido Lacandona...
Las piedras. Miremos las piedras. Angulosas, redondas, siempre duras cómo piedras. Tropezamos con ellas. Tropezamos con ellas. Podríamos apartarlas. Podríamos esquivarlas. Pero no. Las llevamos a nuestra casa, les hacemos un altar. Nos preguntamos qué o quién las puso ahí qué o quién hizo que tropezásemos con ellas que tropezásemos con ellas. Pero no qué o quién las hizo piedras, qué o quién las arrancó de montañas poderosas, de volcanes lejanos, del dulce lecho del fondo marino. Qué o quién las llevó ahí Qué o quién las pisó antes que nosotros qué o quién antes tropezó con ellas tropezó con ellas.
Sólo son piedras. Pero un día fueron... Pero son lo que quedan.
Oh Capitán, mi Capitán: nuestro azaroso viaje ha terminado. Al fin venció la nave y el premio fue ganado. Ya el puerto se halla próximo, ya se oye la campana y ver se puede el pueblo que entre vítores, con la mirada sigue la nao soberana.
Mas ¿no ves, corazón, oh corazón, cómo los hilos rojos van rodando sobre el puente en el cual mi Capitán permanece extendido, helado y muerto?
Oh Capitán, mi Capitán: levántate aguerrido y escucha cual te llaman tropeles de campanas. Por ti se izan banderas y los clarines claman. Son para ti los ramos, las coronas, las cintas.
Por ti la multitud se arremolina, por ti llora, por ti su alma llamea y la mirada ansiosa, con verte, se recrea.
Oh Capitán, ¡mi Padre amado! Voy mi brazo a poner sobre tu cuello. Es sólo una ilusión que en este puente te encuentres extendido, helado y muerto.
Mi padre no responde. Sus labios no se mueven. Está pálido, pálido. Casi sin pulso, inerte. No puede ya animarle mi ansioso brazo fuerte. Anclada está la nave: su ruta ha concluido. Feliz entra en el puerto de vuelta de su viaje. La nave ya ha vencido la furia del oleaje. Oh playas, alegraos; sonad, claras campanas en tanto que camino con paso triste, incierto, por el puente do está mi Capitán para siempre extendido, helado y muerto.
Sólo mientras tanto el mundo agoniza, se alzan muros de sangre y venganza, odio y muerte, ya sabéis todas esas palabras. Atrás, entre las llamas, un sueño camina con pies de tierra y se deshilacha entre paredes de algodón que dejan descalzos millones de corazones que no gritan nada a ningún aire, que ya ni laten ni pulsan. En el otro lado del mundo sonaba una campana. Y al otro, un psicopompo equivocado revoloteaba sobre una estatua de Atenea. Y justo en el centro una zona cero superpoblada de vacíos. Y medio afortunado que miraba primigenios sin creérselo. Pero nadie nunca dijo que algo de ésto tuviera que tener sentido.
Ya lo decían allá por mayo del 68, cuándo teníamos las respuestas, nos cambiaron las preguntas. Ésto es lo que quedaba de esos días. Ésto es lo que queda de esos días.
Todo es desorden, todo. Las ideas y las palabras, lo que tuve y lo que tengo, se confunden en mis dedos años y minutos. A cualquier instante sigue doliendo amanecer.
Ahora, de nuevo, aquí, en silencio, en ésta paz de plástico, me miro. Hay horrores que se han esfumado tan rápidamente que es su ausencia la que ahora asusta. No me es difícil reconocerme aquí, buscar un rincón, echarme a morir, dejar que el tiempo, ese impensable, vaya posándose, mirar florecer la luna, mentirme diciendo que podría haber sido, engañarme pensando que no podía ser. Éste es mi hogar, yo había partido a la guerra. Ahora he vuelto, sigue intacta la chimenea, y aunque sean mis brazos ahora los que no pueden cargar los troncos, recuerdo cómo se prende la llama. Aquí habitaba, quedan todavía viejas muescas bajo mi lecho, viejas lonas con que arropar el cielo y muchas, muchas preguntas guardadas en una caja. Me siento, las vuelco, las mezclo. Ahora no distingo las antiguas de las nuevas. Todavía tengo clavadas en el vientre algunas respuestas, ya oreadas, sumergidas, tan presentes. Aquí habito, desde aquí puedo ver mi casa, saludar a los vecinos ausentes, taponarme los oídos para no oír su música. Bailar desnudo sobre un montón de rocas, dónde ya nada importa. Este es mi hogar, no el fragor de la batalla. Vigilar el sueño mientras el guerrero descansa. Todavía en mi cerebro el chocar de los escudos, el rugir de los cañones, el llanto de las almas. El llanto de mi alma. El dolor. La rabia. Aquí no caben, ésta es mi casa. Ni siquiera entre las promesas rotas. Llegué tarde a detenerlas, perdí la batalla, perdí la guerra, perdí el reino, perdí lo que quedaba, perdí lo que tenía, si es que tuve algo. Tuve que volver a casa. Tuve que huir a casa. Tuve que estar en casa. Todavía llaman a la puerta. Todavía. Todavía están ahí fuera con sus cantos de sirena, Mover un dedo, pulsar una tecla, abrir una puerta. Todavía están ahí fuera. Todavía recuerdo. Pero son los recuerdos los que apuntalan mi casa, los que fortifican mi casa, los que sellan mi casa. Son la llave y la ventana. Puedo asomarme, puedo mirar un poquito apenas. Pero ya estoy en casa. Faltan cuadros sobre la repisa, faltan platos en la alacena, y hay calcetines, muchos calcetines sin pareja. Pero hay silencio y hay ausencia y sé que en algún cajón, escondido, guardé un tarro de un viejo olvido para todas aquellas noches cómo ésta.
Voy navegando en estos días opacos en que todo es poco más que tristeza por tristeza, en que las batallas se repiten una y otra vez, una y otra vez... Estoy sólo. Sí, hay gente por aquí, por allá, gente que me llama, gente que me cuenta, gente que me anima. Pero estoy sólo. Hay muchas esquinas llenas de porquería, muchos secretos por ahí sueltos, muchos oídos atentos, muchos, muchísimos miedos.
Muchas palabras agolpándose para salir, mucho dolor por ahí, retorciéndose, retoricéndome.
Y muy, muy poca gente con la que hablar. Demasiada.
De golpe, el teléfono. Un nombre. Ese nombre. Tu nombre. Claro que al final no lo borré, cómo te dije que haría. Tu nombre, tú al otro lado de la línea. Así, de golpe. ¿Cuánto ha pasado?¿Dos, tres años? Tu nombre.
Pulso una tecla. ¿Hola? Tu voz. Eres tú. Es la misma voz. ¿Hola? Hola. Me cuentas. Te cuento. Me hablas. Te hablo. ¿Cuánto tiempo ha pasado? Parece que un día. Miramos atrás, claro. Es imposible no hacerlo. Está ahí. No hay rencor, no hay ira, no hay nada malo. Solo tu voz, allí, contándome, solo mi voz, aquí, contándote. ¿Verdaderamente ha pasado el tiempo? Te buscaba, me buscabas. Nunca perdí la esperanza de volverte a encontrar, cómo fuera, dónde fuera. Ya sabes que este mundo es muy pequeño. Te has hecho tu vida. Yo sigo dando bandazos. Sigo buscando, sigo buscándome.
Y ahora estás ahí, al otro lado de la línea, hablándome. No ha cambiado ni un ápice tu voz. No ha cambiado ni un ápice tu humor. No has olvidado los espacios comunes, ni uno.
Estás ahí. Nos tiembla la voz. Hablamos. Planeamos. Concretamos.
Estoy sólo, sigo estando sólo. Cada día es una batalla contra mí mismo y los abrazos no compensan, y la ternura no compensa y las palabras no compensan.
Pero estás ahí, y cada noche me llega un mensaje que parece venir del otro lado del tiempo.
Pero estás ahí y cuando me aprieta tanto el alma que incluso respirar me resulta un triunfo, sé que tú estás ahí, que estuviste ahí, que estarás ahí. Y ahí no hay miedos.
Y cuándo cierro los ojos para intentar dormir tú estás ahí, al otro lado de mi pensamiento, con tus sueños lejos de los míos, con tu vida lejos de la mía, con tus proyectos lejos de los míos, pero ahí, sabiendo que, aunque lejos, yo estoy aquí.
“Puede pasar cualquier cosa ¿verdad? Cualquier cosa. Puedes amar tanto a una persona... que tan solo el miedo de perderla haga que lo jodas todo y acabes perdiéndola... Puedes despertarte al lado de alguien a quien hace algunas horas ni siquiera habías imaginado conocer y mírate ahora... Es como si alguien te regalara uno de esos puzzles con piezas de un cuadro de Magrite, de las fotos de unos ponies, o de las cataratas del Niágara... se supone que ha de encajar,... pero no”
“Pregunta: alguien que es incapaz de ayudar a si mismo puede ayudar a los demás? ¿Qué clase de vida me espera? ¿Será como yo me esperaba? Eso son dos preguntas, ya lo sé... ¿Todo el mundo se estará haciendo las mismas preguntas?”
“Este es el momento antes del momento. ¿Qué viene después? ¿Qué hubo antes? ¿Qué me hace sentir como me siento? Saber y no saber nada al mismo tiempo ¿Quién sabe?”
“ Creo que la fe es injusta: me parece muy injusto que algunas personas tengan fe y otros no la tengan. Cuando somos felices no nos damos cuenta, eso también es injusto. Deberíamos vivir la felicidad intensamente y tendríamos que poderla guardar para que en los momentos en que nos haga falta pudieramos coger un poco, del mismo modo que guardamos cereales en la despensa o recambios de papel higiénico por si se acaba, ¿entiende?”
Cada vez piensas que en esta ocasión lo harás bien. Que no repetirás los errores o lo que crees que fueron los errores que cometiste la última vez. Pero no es así, claro. No es tan sencillo. Aquella mirada en sus ojos. Aquella conversación sobre los domingos... Por un momento pensé que... en fin, me equivoqué
Aunque si volviera a encontrarla tendremos que empezar de nuevo, claro... Las cosas que nunca se dicen suelen ser las más importantes. ¿Acaso no es siempre así? Me gustaría encontrarla para decírselo...
¿Qué voy a hacer ahora?
¿Diga? ¡Hola! ¿Cómo estás? No, no he recibido ninguna carta. ¿Me has escrito una carta? No me lo puedo creer. Dime. No lo entiendo. Porque hace 25 días me querías, ¿verdad? Sólo dime que entonces… dime que hace 25 días aún me querías. Por favor. ¿Cuando fui a decirte adiós aún me querías? Ya, sólo dime que entonces me querías. Es lo único que te pido. ¿Que no puedes, cómo que no puedes? ¿No puedes decirme que me querías? Es que… no lo entiendo, francamente, no lo entiendo. Lo siento. ¿Por qué me disculpo? ¿Por qué? ¿Cómo que solo? Estás solo ahora, ¿no? Estás solo, ¿no? No me lo puedo creer, no me lo puedo creer, no puede ser. Espero que sea checa o eslovaca, no te habrás enamorado de una ingeniera de Montana. Sí, ya, mira, ahora no me digas que no es eso. ¿Me oyes? Por favor. Sí, claro que leeré la carta. Es posible que hasta la enmarque. Haré fotocopias y la repartiré. La enviaré al Newyorker. Claro que la leeré. Pues sí, mira, porque ahora estoy en un pequeño problema, ¿sabes? Estoy en esta puta cuidad y vine aquí para estar contigo. Acepté este estúpido trabajo por ti y tú te vas a Praga y me haces esto. Ya sé que quedamos en que lo hacía porque yo quería. Ya lo sé. ¡No digo que seas el responsable! No necesito que me recuerdes que aún no sé qué hacer con mi vida. ¿Me haces ese favor? Simplemente eso. Muy bien, gracias. ¿Que se ha acabado? Es increíble. ¿Se ha acabado y ya está? Tanto si te gusta como si no. De acuerdo. De acuerdo…
Qué difícil. Pero me parece que aún es más difícil quedármelo para mí sola. Supongo que por eso lo hago. Tú siempre me preguntabas en qué momento empecé a quererte. Empecé a quererte exactamente cuando llamaste para decir que me dejabas. De hecho fue en ese preciso momento quando olvidé el amor que sentía antes. Me olvidé de la ternura. Y el sexo. De tu lengua. Me di cuenta de que lo que había sentido antes no era más que el simple reflejo de lo que es el amor. Descubrí que no te había querido nunca. De repente pensé en aquella tortura que practicaban en Francia. ¿Sabes qué hacían? Ataban las extremidades de una persona a cuatro caballos y los azuzaban en direcciones diferentes. Pues así es como me sentí. Así es como me siento. Ahora ya sé lo que es amar. Te amo con esa clase de amor que había rezado por sentir cuando era una adolescente y que ahora rezo por no volver a sentir. Nunca más. No lo sé. Sólo quiero que sepas como me siento. Y no, no te creas que lo que quiero es volver a intentarlo. No. Sólo… sólo quiero que sepas como me siento. No quiero que tú sigas con tu vida sin saber cómo me siento. No lo soporto. En fin. Creo que ya está.
Amanecer a destiempo, en un instante, en un segundo, ¡Ya! irse evadirse romperse acabarse deshacerse despoblarse desplomarse destrozarse desmigarse desunirse desamarse.
Hoy he ido a recoger las últimas cosas. No me hacía el ánimo. Pero tenía que hacerlo algún día. Ha sido la primera vez que he encotrado aparcamiento justo delante de la puerta. Podía hacerlo con tranquilidad, nada de dobles filas.
Por supuesto que he llorado sentado en la cama, y cuándo he subido al coche, y cuándo he recorrido esas calles por última vez.
Por supuesto que he repetido en mi cabeza toda la historia otra vez, aquellas conversaciones, aquellos primeros encuentros, tímidos, esas palabras que no salían, esas despedidas que se alargaban. Aquellos primeros días, aquellas primeras noches. Aquél confesarnos, aquél descubrirnos, aquél construirnos.
Y por supuesto que han venido a mi cabeza todos aquellos silencios, todos aquellos errores, todas aquellas conversaciones que no supimos mantener, o que no pudimos, o lo que sea, porque ya da igual.
Y por supuesto, aquellas huidas. Hacia fuera, hacia dentro. Esas malditas huidas.
Y por supuesto que he llorado por no ser más que un niño que jugaba con juguetes para mayores, que tenía demasiadas cartas en la mano, por haber olvidado las reglas del juego. He llorado por no ser lo que aparento.
Y he ido, por última vez, a tomar algo al bar cercano al trabajo. Bocadillo de morcilla, cómo cuándo miraba ansioso el reloj para volver a aquella ciudad en que no existía, es cierto, pero que tanto me daba. Y ésta vez también me han cobrado distinto.
Y he ido, por última vez, a mi turno de tarde, y he visto a gente a la que difícilmente volveré a ver y he dado abrazos que difícilmente volveré a dar.
Y no he contestado preguntas que difícilmente podría contestar, y no he dado gracias que difícilmente podría dar.
Y he ido por última vez a las salas dónde hacía manualidades, y he mirado por última vez qué se podía hacer y... otra vez.
Pero ya está.
He vuelto a mi nueva habitación, a mi minúscula habitación. Me he sentado en mi cama, mi pequeña cama y la vida que no supe vivir ha pasado otra vez ante mí. Y las cajas acumuladas siguen esperando ser abiertas. Pero hoy no podía. Hasta ahora no he podido. Pronto podré.
Pero ya está. Ahora me voy otra vez al turno de noche. Retomo mi vida casi, casi dónde la deje. Pero...
When i sleep in my hard night you are my sweet dream. When i walk inside the storm i never can't to see. The only light that shows my way, your shinning face in my black night appears again.
You got to believe, you are my sun.
I'll carry your face far away, oh my love, far away of the heaven of your heart. You can be sure that i'll draw your name in the wall the wall that makes me feel so alone.
You got to believe, you are my sun.
Música: Pipo. Letra: Un@s cuant@s, yo entre ell@s. (Ningun@ ni papa de english, of course).
De nuevo, la noche como proyecto, las largas esperas en busca de nada, los eternos mutismos, los paseos por pasillos sin fin plagados de ruidos.
La noche, antes de lo previsto, la noche que no debió haber amanecido, otra vez ya casi realidad, y tengo que volverme a pensar nocturno, a convertir mi insomnio en otra cosa, a explorar mundos, a ver amaneceres, a recontar los días y las semanas.
De nuevo, la noche como modo de vida, transnochadores efímeros que se buscan por unos segundos de creerse algo, guerreros eternos que luchan batallas inexistentes que usan el juego por el juego o se construyen otros mientras no sueñan.
De nuevo, la noche como día, el día como siempre lo ha sido, onírico, casi pesadillesco, a rellenar por el interesado. Cosas que hacer, proyectos.
No pasa el tiempo en esta ciudad tampoco. ¿No existo? Sí. Simplemente no quiero existir, quiero creer que no lo necesito, quiero deshilachar el tiempo poco a poco, dejar que la negra sombra se diluya, se destile, y todas las imágenes que me acompañan se conviertan en recuerdo de un sueño, si es posible.
Pero de momento prefiero tener el corazón encogido, todavía duelen las heridas, y seguirán doliendo. Claro que no sirve el silencio. Claro que no sirve la distancia. Sólo la esperanza del tiempo que vaya limando mis aristas, que me permita mirar atrás sin ira me permite imaginar que hay un después, que hay un mañana que no pase por seguir huyendo.
Suena el teléfono. Clavos que sacan a clavos. Lo siento, no lo creo. Cuelgo.
No pasa el tiempo en esta ciudad tampoco. ¿No existo? Sí. Quiero creer que no lo necesito.
Qué fácil es vivir la vida de los otros. Qué fácil es pensar el pensamiento de los otros. Qué fácil es hacer lo que hacen los otros. Qué fácil es suponer, imaginar, inventar, creer la vida de los otros. Pero qué difícil es ser uno mismo, si ser uno mismo es posible.
Salir, sentir esta lluvia abundante, prodigiosa, generosa, rubicunda, poderosa, oler a calle, a viento, a asfalto, a tierra, a río, a tiempo, correr con una bolsa en la cabeza con un gorro en la cabeza con pájaros en la cabeza con las manos en la cabeza con nada en la cabeza.
O mirar desde la ventana. Los coches, la basura, los perros, las alacantarillas, las bolsas de Mercadona, de Eroski, de Consum, de Carrefour, de Dia, pegadas unas contra otras, decolorándose sutilmente, la gente apresurada que busca refugio en puertas cerradas, el traje de domingo chorreando, los zapatos de domingo empapados, el peinado del domingo destrozado.
Esperar a que escampe a que amaine a que pare a que cese.
Ver un rayo de sol un atisbo de esperanza un color del arco iris
Y desear al fin y al cabo que esta lluvia purifique, limpie, fije y dé esplendor a esas manchas en el alma, a esas zurraspas en el corazón, a esas lágrimas que se están perdiendo, que parece que se están perdiendo, que se espera que se pierdan.
Pero la lluvia pasa, y el tiempo sigue, y la vida sigue y el olor a tierra mojada ha sido sólo un segundo, y el barro en los zapatos se acaba limpiando contra una acera y el teléfono sigue sin sonar y el olvido sin llegar.
Y el cielo, que parecía que se iba a caer, sigue ahí, lejano, inalcanzable, impasible, cómo si todo ese pequeño universo que ha sido esta lluvia torrencial no fuera con él.
Y en este siglo del Murciélago Frugívoro, cuándo todos los días son la Vigilia de los Puercos, tal vez el año del gato debería dar paso al de la rata...
El césped está húmedo. Él cuenta un chiste. Ella ríe. Él piensa: "¡Qué bonita es!". Ella pregunta: "¿Qué dices?". Él contesta: "Nada". Ella se acerca. Él se ruboriza. Ella le pide fuego. Él le roza las manos. Ella sonríe. Él piensa: "¡Qué suaves son!". Ella dice."¿Qué?". Él responde: "Hablo sólo". Ella lo mira. Él suspira. Ella quiere saber por qué. Él afirma que por nada. Ella se acerca un poquito más. Él se tumba. Ella apoya la cabeza en su vientre. Él se estemece. Ella suspira ahora. Él pregunta por qué. Ella dice que son cosas suyas. Él coge su mano. Ella cala. Él acaricia su pelo. Ella sigue silenciosa.
El tiempo transcurre.
Ella despierta. Él ríe. Ella afirma que se durmió. Él dice: "Estabas guapísima". Ella se levanta. Él tiende su mano. Ella le ayuda a incorporarse. Él vacila. Ella abraza su cintura. Él se siente morir. Ella pregunta: "¿Cuándo me lo vas a decir?". Él contesta: "Te quiero". Ella acerca su cara. Él acerca su cara.
Por un clavo se perdió una herradura, por una herradura, se perdió un caballo, por un caballo, se perdió una batalla, por una batalla, se perdió el Reino. Y todo por un clavo de una herradura.
La violencia, partera de la historia, me mira desde la cuneta, sonriendo cómo un rijoso preadolescente que jugase a ser elefante destetado, sembrando de expresiones un reguero de lapiceros descuadrados inmersos en una vorágine imperceptible de preámbulos absurdos sin más intención que el retruécano inverosímilmente retocado por unas manos malencaradas hacia las caídas impertérritas que de manera sucesiva han repoblado los evos extraños donde incluso la muerte puede morir.
Dije: "Héme aquí" Y fui. Ahora es otro ahora. Digo: "Áspero"
Y al otro lado del océano espeso hay una mancha febril que lagrimea gargantas y carreras en busca de la purificación del fuego devorado durante ese maldito instante en que el ser se difumina y se convierte en la esencia de lo que no ha sido ni será más que unos pequeños siglos transcurridos sin mayor importancia que la mirada de un niño que se negó a buscar juguetes nuevos en el viejo baúl de aquél abuelo que no llegó a conocer.
Dije: "Soy" Y estuve. Aquí es otro aquí. Digo: "Estrella"
Tras la ventana, los comensales no se miran a los ojos. Sólo repiten frases hechas que escucharon en su día, mirando la televisión. Hoy ya nada les importa y aquellas risas se han ido quedando cada vez más en el olvido.
Se miran las manos. Están todavía sucias de mentiras. O de creencias de mentiras. Recorren, a veces, sin querer su cuerpo, cómo recordando viejas caricias, cómo calmando viejas heridas.
Ya no hay rencor, se han dicho. Pero no se miran a los ojos. Quieren estirar las manos, rozarse, se contienen.
Hoy no será el día que soñaron. Ni siquiera se dan dos besos al despedirse.
Siempre hay tiempo para otra cerveza, para una última cerveza, un último brindis, un otro último brindis. Un último adiós calmado que fuese sólo hasta luego.
Siempre hay tiempo para un hola, un cómo estás, para un lo siento.
Siempre hay tiempo para un futuro.
Y para diez cervezas más para creerme lo que escribo...
Éste hombre que aúlla a la luna lleva debajo una piel de lobo. No es un perrito pastor que ladre confuso, miradle las mandíbulas: Sólo quiere devoraros.
Miradlo. Está enhiesto buscando un horizonte contra el que recortarse, ser una silueta.
No es más que un hombre que un día encontró una piel de lobo y olvidó esconderla de las ovejas, de los otros hombres, y ahora aúlla creyendo que esa luna huele a sangre, que él puede devorarla.
Pero amanece, al final amanece, y, aunque corra hacia el horizonte, siempre lo alcanza el día. Sólo lleva una piel de lobo, no es más que un hombre.
Últimos viajes, últimas noticias. Acumulando despedidas, muy pocas, muy malas. El absurdo, al fin y al cabo, es así. La tinta se acabó en el último capítulo y hay frases en el aire todavía. Algunas bienvenidas. Pocas. Tristes. Los problemas de unas pequeñas personas importan poco en éste loco mundo y ser borracho de nacionalidad no es una ayuda. ¿El avión se marcha vacío?
El círculo nunca se termina, el círculo nunca se cierra. Ya apenas van quedando días antes de la lluvia.
Alrededor mío, otras voces. Frente a mí, un descafeinado con leche. Hoy no soportaría otra cosa. Alzo la cabeza. A mi derecha, hago un comentario sobre la batalla de Verdún. A mi izquierda, hablo sobre Rincewind. Frente a mí, si los orcos son mejores receptores que los humanos. De eso sé hablar. Miro otra vez al descafeinado. Debería ser una cerveza. Deberían ser mil cervezas. Y todos esos ojos, todas esas voces, deberían ser únicamente dos ojos, debería ser únicamente una voz. Pero ya es tarde incluso para que sea demasiado tarde. Ya es tarde para todo.
Pasa un rato.
Otros rostros, otras voces, otra vez. Venecia, sin ti. El príncipe de la ciudad convoca a los vampiros ¡Cruzada! Assamitas, Ventrue, Toreador... Ningún nombre me es ajeno. Ningún dado. Pero tampoco es aquí dónde pertenezco. No hoy, no ahora.
Las anécdotas: Al lado, justo al lado, ha habido un incendio, o algo... Helicópteros, hidroaviones, policía. Las anécdotas: Aquí andan la mitad enfermos, un virus o algo así. Las anécdotas: Se ha soltado un contenedor y ha rodado cuesta abajo y se ha estrellado con un coche. Las anécdotas: Un buen rato atrapado en la carretera. Un accidente, sin víctimas.
Pero ya no son anécdotas. Son sólo hechos, y, aunque mis manos corran al bolsillo, ya no hay nada que decir.
No cerrar los ojos, no pedir socorro. Éstas calles son también antiguas, aquí también ha llovido sangre. Quisiera creer que hace frío, o que un día lo hizo. Pero no. Sólo llovió sangre. Y ni siquiera a cántaros. Sé que algún día esta maraña será desenmarañada, que de algún modo se desenmarañará, pero hasta que se desenmarañe, desenmarañada quedará... Y en sus hilos de poca esperanza, yo, como un rostro imperfecto, buscando ojos que mirar. Lejos, cada vez más lejos.
Tengo frente a mí una cerveza, la miro, bebo. Todo lo demás en la mesa son tarrinas de helado. ¿Éste es el mundo en que debería estar? Voces alrededor mío, desconocidas hasta hace un momento. Algunas se dirigen a mí. Contesto pausadamente, estos días apenas puedo levantar el tono de sin que se me enconja el alma. Hago un chiste y recibo silencio. No me conocen todavía, dicen. Es tarde, dicen. Hablo un poco de mí. Tampoco hay tanto que contar. Tampoco quiero contar tanto. ¿Ésto acaba alguna vez? Se me va la mente a tantos sitios. Tiempo, dicen, necesito tiempo. Pero mi tiempo ya ha pasado. No puedo darle al tiempo más tiempo del que tengo, nunca supe ganar tiempo. Pero ahora estoy aquí. Ahora estoy ahora. Alzo la mirada, busco los ojos, hago un comentario, intento buscar un tema, intento buscar el tema. ¿Ésto será siempre así? Vuelvo atrás, vuelvo atrás, vuelvo atrás. Hay un trocito de mi alma flotando en la cerveza, intento beberlo, pero se queda en el fondo. Lo de ahí fuera son también rostros. Son otros rostros, otras voces. Son los que hay, de nada vale apretar los ojos. De nada vale mirar al cielo. Mañana será otro día, sí, pero mañana está, todavía, demasiado lejos.
(Un lavabo de discoteca con dos pilas. Una mujer madura, vestida con ropa ajustada que no hace otra cosa que remarcar su edad, apoyada en la de la derecha, se prepara una raya. Por ese mismo lado entra un chico joven que se sorprende al verla)
Ella(Agresiva): ¿Qué coño pasa?
Él(con gestos redondos): No, tía, nada.
(Él se acerca a lavabo libre, se acicala, no sabe qué hacer. Ella esnifa. Intercambian rápidos golpes de vista. Ella camina lentamente hacia el público limpiándose la nariz. La droga va haciendo efecto. Se gira hacia Él, que sigue intentando disimular frente al espejo)
Ella: ¿Buscas a alguien?
(Él la mira y no contesta. Ella saca un cigarrillo y lo enciende. Camina contoneándose hacia el lavabo desocupado, se apoya en él y se queda mirando al chaval, que la ha estado siguiendo con la mirada)
Ella: Ya. Una tía, claro.
Él: ¿A usted que le importa?
Ella: ¿Usted? Eso se lo dirás a tu madre, chaval.
Él(en actitud chulesca): ¿Me estás llamando hijo de puta?
Ella: No. Te estoy diciendo que eres un chaval de puta madre. (Esboza una carcajada) No va a venir.
Él: ¿Y tú que sabes?
Ella (Hacia Él, quien, sin dejar de mirarla, va retrocediendo. Cada vez más cerca, dan vueltas por el escenario) Oh, sí, vendrá, te sentará en el lavabo, te la sacará y empezará a comértela como la zorrita que es. Y mañana, cuando vuelvas a buscarla, estará en el mismo lavabo comiéndosela a otro.
(Silencio)
Él(caminando hacia Ella): Tía, corta el rollo. Yo he venido aquí buscando eso, y mañana estaré con otra en otro sitio.
Ella(Airada, le da la espalda): Para cuentos, el de Caperucita (Se gira hacia él) Si es tan cría como tú, vas a seguir matándote a pajas mucho tiempo.
Él: ¿Qué quieres, comérmela tú o qué?
Ella: Para el carro, que yo no curro por el morro.
Él: Contigo, ni gratis.
Ella: Sólo queréis carne joven. Te sugiero que goces mi coño. Es único, ¿sabes? Ya no llevo la cuenta, pero seguro que por aquí han pasado miles. Ha sido un monumento cantidad de visitado… Hasta hace poco. Ya soy un poco mayor, ¿sabes? Las primeras canas, cómo ves. (Pausa) Pero no hace mucho por aquí pasó lo mejorcito de la ciudad. He conocido políticos, empresarios, sacerdotes, cantantes, escritores… Lo he hecho en los sitios más increíbles. Librerías, teatros, monumentos… (Pausa) Si yo te contara… Venga, hombre, ¡ven y ahoga tus penas entre mis muslos! (Pausa) Yo también fui joven, ¿sabes? También buscaba carne joven, cómo tú. También quería volar, volar muy alto… Me piré con un tío a los dieciséis… El muy cerdo… Ya no podía volver y tuve que buscarme la vida. Y aquí estoy. No pude salir… (Pausa) Riquezas, oro, joyas, seda, el mundo a mis pies, promesas, promesas ¡Mierda de vida! Todos sois iguales, sólo os interesa follar, follar y follar, que os la chupen hasta los cojones. (Pausa) Compartir cama y dormir sola. Champán para la cena y desayuno en un bar. Un día, otro, siempre igual… Y hasta ahora, hasta aquí. (Pausa) No tienes ni puta idea de lo que puede doler el coño a las nueve de la mañana, cuando sabes que te va a follar el tío que te ha puesto el café aguado y la madalena pasada. (Pausa) Pero no creas que tú estás mucho mejor. Mírate, en un lavabo lleno de mierda con una puta vieja, esperando a una cría que no va a venir. Si quisiera algo, ya habría venido. (Pausa) ¿Sabes? No merece la pena vivir así, hundida en la mierda, comiendo mierda, viviendo mierda, siendo mierda.
De repente, la realidad se va a tomar por saco. Así, de golpe. Lo que creías que era no es y lo que creías que no era es. Se forma un torbellino, te absorbe. La lógica es ilógica, la razón es irracional.
Todo pasa tan de golpe, tan de seguido es todo tan nada que las manos quedan tendidas antes de que el puño se cierre en el aire y los gritos se desvanezcan y las risas acudan nerviosas a suplir esos silencios estridentes que de repente atruenan en la retaguardia de un reverso irrepetible.
Y bueno... Hubo un tiempo en que habría buscado otras respuestas.
No hay placer que sea malo en sí mismo. Lo que es malo son las desagradables consecuencias que puedan resultar si no se usa la cabeza cuando se decide qué placeres perseguir y cuáles evitar.
Epicuro 341-270 a.c.
Lo que pudo existir brilla un instante, Luego deja sus sombras marcadas para siempre, Fue tiempo de soñar, y sin embargo Estaban ya las cartas repartidas. (Luís García Montero. Habitaciones Separadas)
Tú no eres como los demás niñ@s -decía mi madre- Y si no puedes sobrevivir en este mundo, mejor será que te construyas uno propio. (J. Winterson)