Días extraños, casi trágicos.
La lluvia en los ojos, el labio en el suelo.
Canta a contrapelo el oscuro hado,
trina indiferente el silbo roto,
masculla dolorida la cascada en su fuente.
Viento fuera, y viento dentro.
Cabalgar tormentas, huir,
saberse afín y oculto entre timbales y requiebros,
espolear al infinito con prestidigitadores somnolientos
y vaciar sobre la arena los próximos retablos.
Invocada desde la cúspide, otra añoranza quiere saberse
y los tiernos temblores acuden con paso distante:
Blanquear de hojas entre trincheras
y retractarse de agujeros y ventanas.
Estrellas que alcanzar
Hace 6 años
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