Y de un segundo a esta parte
cuando el desgarro se cimbrea,
llueven lápidas con nombres vanos,
como si el tiempo fuese la otra piedra
y el añil tan solo un recoveco más en la autopista.
Renuentes las palabras, las losas
apilan fantasmas sobre vértebras ufanas
y el rabiar minúsculo de aquel bucle
compone sin verbos estrellas distantes
donde no habrá fidedignos temblores
o la estúpida victoria de un león rampante.
Aquí se difuminan
las inevitables presencias que golpean
sus alas momentáneas contra los pilares profundos
y las recientes llagas mortifican
el habla inaudible de las roturas
apiñadas en cafeterías impronunciables.
Sobre todo, un mástil
que ondea los últimos minutos de un retablo
en que mano y hambre fueron niñas
jugando a ser linces en el desierto de los nombres.
Estrellas que alcanzar
Hace 6 años
Muy bueno el poema, Salva.
ResponderEliminarNo conocía esta canción basada en el poema de Cesare Pavese. Me gusta. Gracias.
Un abrazo.
Antonio Solán