Desde esta nube sin banderas
donde corren las utopías hacia su muerte
navajean lo estertores de negros vaivenes
en que el lánguido esputo de los años termina
y de un viento inoperante en que se anclan
las primaveras de paso,
entre orientes sin arraigo
y nortes que renquean
la cruel faz de un espejo amarillo y negro.
Alzar las manos un suspiro,
romper a miles los volcanes,
llamar a llantos como zurdos,
beber el trazo de los siglos
con el aura inabarcable de un tormento.
Impasible el muro en sus entrañas,
el callejón mantiene sus antiguos ecos
y desde los altos caminos se reclaman los cadáveres
que se arremolinan en torno a botellas y recuadros,
inmunes al goteo pertinente de los siglos.
Lápidas entre las manos,
el milímetro de más allá se hacina ocioso
en las lucrativas espaldas del olvido
y llama la sangre a la tierra:
Todo es círculo otra vez
y el océano se deshace ante sus tristezas.
Estrellas que alcanzar
Hace 6 años
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