Lacera el mundo de arriba abajo
el doloroso maullido de la negra luna
con su mano de escarcha y su sol arrancado.
El camino se desmembra y se desnuda,
vuelve el rostro a desasirse
entre la ajena rabia de los años.
Y entre las nubes sin estrellas,
o el mar que arrecia contra el espino
un rato se pierde entre futuros.
Con la lluvia se trocea hacia otras sonrisas
la fulgurante vacuidad de los terrones
y la silenciosa oscuridad de los andenes
Piedra sobre piedra, al amarillo
le gotea tinta difusa por los ojos:
Canto definitivo en que la vida se escapa.
Ya no es tiempo de presagios,
solo de ramajes y quehaceres,
solo de nuevas naves para nuevos naufragios.
Estrellas que alcanzar
Hace 6 años