Al mismo tiempo, ahí afuera
canta un niño, o muere.
Se tiñe de verde el cielo
y las rosas exhalan su postrer vahído.
Barriendo hacia allá, una extraña
intercambia próceres con don ancianos
que jugaban a las cartas sin saberlo.
En otro amanecer corretean tiendas de campaña
sobre el asfalto todavía húmedo, no queda mucho tiempo
y de este solo de tuba apenas sabe nadie.
Queda todo y nada queda.
Un pquito más allá, tal vez, un pedacito de cielo.
Pero baila a otros sones con sus zapatitos nuevos.
Estrellas que alcanzar
Hace 6 años
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