Y de un segundo a esta parte
cuando el desgarro se cimbrea,
llueven lápidas con nombres vanos,
como si el tiempo fuese la otra piedra
y el añil tan solo un recoveco más en la autopista.
Renuentes las palabras, las losas
apilan fantasmas sobre vértebras ufanas
y el rabiar minúsculo de aquel bucle
compone sin verbos estrellas distantes
donde no habrá fidedignos temblores
o la estúpida victoria de un león rampante.
Aquí se difuminan
las inevitables presencias que golpean
sus alas momentáneas contra los pilares profundos
y las recientes llagas mortifican
el habla inaudible de las roturas
apiñadas en cafeterías impronunciables.
Sobre todo, un mástil
que ondea los últimos minutos de un retablo
en que mano y hambre fueron niñas
jugando a ser linces en el desierto de los nombres.
De profundis...
Hace 10 meses


Muy bueno el poema, Salva.
ResponderEliminarNo conocía esta canción basada en el poema de Cesare Pavese. Me gusta. Gracias.
Un abrazo.
Antonio Solán